Fidel Gómez Güell
La razón por la cual es necesario retomar el mito, en la tercera década del siglo XXI, para interpretar elementos de la realidad en que vivimos, es porque sus implicaciones psicológicas y socioculturales no han sido suficientemente comprendidas, de manera general, por la sociedad contemporánea, o tal vez las hemos olvidado. En algunos años, las computadoras cuánticas, la inteligencia artificial, la bioingeniería y el esfuerzo de un grupo visionario de emprendedores para hacer de la vida humana un fenómeno interplanetario, serán los cuatro puntos cardinales de la civilización. Sin embargo, a pesar del increíble salto tecnológico logrado en los últimos 60 años por el ingenio humano, algunos rasgos relevantes de nuestra especie, al parecer, ligados a nuestra naturaleza de forma indistinguible, parecen resistir el paso del tiempo y las tentaciones desintegradoras de la contemporaneidad. Uno de ellos es la vinculación emocional y psicológica de los individuos y las sociedades con el Mito; la precondición humana a existir dentro de estructuras narrativas, cuya morfología más elemental, es de carácter mitológico.
El Mito, bajo ciertas condiciones (como las que veremos más adelante), se transforma en la brújula moral que dirige todas las acciones individuales y colectivas de la vida cotidiana, confiriéndole propósito a nuestra existencia. Sin los mitos que habitamos, la vida humana sería un fenómeno puramente mecánico, desprovisto de sentido, sin patrones morales duraderos de comportamiento, capaces de crear relaciones de cooperación y altruismo, elementos que han sido fundamentales para nuestra supervivencia en el pasado y lo serán en el futuro. Ahora bien, ¿Son todos los mitos edificantes e inspiradores? ¿Es posible que un mito corrompido se convierta en una trampa apocalíptica para una nación? ¿Se puede escapar de un mito autodestructivo? Reconociendo de antemano que una respuesta exhaustiva a estas preguntas, llenaría las páginas de un grueso volumen de análisis antropológico, nos proponemos en el presente, esbozar una línea argumental que, en el mejor de los casos, nos permitiría adentrarnos en el mundo intangible del simbolismo humano, en el cual podríamos encontrar, ese lugar recóndito donde probablemente, yace el espíritu de nuestra nación. (Seguir leyendo)
____
Fidel Gómez Güell, Escritor, antropólogo cultural e investigador visitante de Cuido60.
コメント